Frisbee amarillo
Hasta entonces, Cesky (/Cheski/) disfrutaba sus juguetes únicamente dentro de casa.
Las pocas veces que alguno nos acompañara durante el paseo, este solo tendría su atención durante el corto instante que durara en el aire luego de lanzarlo. Con suerte, Cesky daba un breve trote en su dirección, cualquier otra cosa la distraería antes de alcanzarlo.
El día que agregamos el frisbee a la bolsa junto con comida y otras compras fue un puro “a ver qué tal”.
Al principio nada era distinto. El pasto era más divertido, una rama seca era siempre más interesante. Mi primer objetivo: que siguiera el frisbee con la mirada durante más tiempo.
Primer logro
Tap-tap es darle golpes con el nudillo a la cara cóncava del disco. El sonido (sospecho) le recuerda al knock-knock de una puerta. En el mundo interior de los salchichas, que tienen fama de territoriales, tocar la puerta es un acontecimiento de suma importancia. Tap-tap me conseguía un poco de atención, luego era tarea mía conservarla. Le hablaba, movía el frisbee frente a ella para, le decía “mira Cesky, has visto esto?”, quería que supiera que este era el objeto del momento.
Con su atención ganada, el siguiente paso era lanzar. Lanzar un frisbee no es complicado pero requiere un poco de practica. La cara curva debe mirar al cielo para que este vuele más, sin embargo eso no era la prioridad ahora.
Segundo logro
Cesky empezaba conmigo, partía cuando el frisbee empezaba a cortar el aire, corría un poco, se acercaba y, finalmente, lo ignoraba.
Esto fue lo que nos tomó más tiempo. Repetí lanzamientos cortos una y otra vez. Cuando lo tocaba con el hocico era un éxito. Pero en cada tiro aún tenía que acercarme a recogerlo antes de repetir. Eventualmente lo conseguimos, su instinto despertó y empezó a intentar recogerlo con los dientes.
El obstáculo era la forma del frisbee. Una vez posado cara arriba sobre el pasto, no ofrecía de donde su pequeño hocico lo pueda levantar con facilidad.
Tercer logro
Aquí usamos casi tantos intentos como en el paso anterior. Lanzarlo al revés era de ayuda; si bien el vuelo se reducía, los bordes eran más ergonómicos para ella.
Empezamos con este escenario (vagamente aproximado):
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Frisbee cara arriba: 30% de éxito
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Frisbee cara abajo: 60% de éxito
Eventualmente su instinto perruno despertó. Luego de cinco o seis paseos mejoramos notablemente en ambas categorías gracias al uso inteligente de los caninos como palanca y las patas para asegurar la posición de disco antes del gran mordisco.
Una vez capturado, era natural para ella volver a mí con él. Sin embargo, había un último obstáculo producto de su baja estatura: el disco era muy propenso a chocar el suelo y atorarse.